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La firma invisible: así identifica el sistema de marcas quién fabricó una joya
La firma invisible: así identifica el sistema de marcas quién fabricó una joya
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Toda joya de oro, plata o platino que se vende en España lleva grabada la identidad de quien la fabricó o la importó. No es un logotipo ni una firma de diseñador: es una marca registrada en la Oficina Española de Patentes y Marcas, obligatoria por ley desde 1985 y tan pequeña que casi nadie sabe que existe.

En las últimas semanas, peritos, joyerías centenarias y gemólogos debaten en los medios cuánto vale un lote de joyas y, sobre todo, de dónde procede. Pero hay una pregunta previa que casi nadie se ha hecho: ¿cómo dice una joya quién la fabricó? En España, la respuesta no está en un certificado ni en una factura. Está grabada en la propia pieza.

Coge cualquier joya que tengas en casa. Un anillo, una pulsera, unos pendientes. Busca una lupa. En algún rincón discreto, normalmente en el interior del aro o junto al cierre, hay dos pequeñas señales estampadas con un punzón. Una indica la pureza del metal. La otra identifica a su fabricante. Y esa segunda señal es, jurídicamente, una marca registrada. Probablemente nunca la has visto, nunca la has buscado y nunca la asociarías con la propiedad industrial. Pero ahí está.

En un momento en que el oro marca máximos históricos y la procedencia de las joyas ocupa titulares, conviene iluminar una de las figuras más desconocidas de nuestro sistema marcario: el punzón de identificación de origen.

Dos punzones, dos funciones

La Ley 17/1985 sobre objetos fabricados con metales preciosos, desarrollada por el Real Decreto 197/1988, establece que todo objeto de oro, plata o platino destinado al mercado español debe llevar dos contrastes, y en un orden concreto. Primero, el punzón de identificación de origen, que corresponde al fabricante o al importador. Después, y junto a él, el punzón de garantía, que estampa un laboratorio de contrastación oficial o autorizado tras comprobar la «ley» del metal, es decir, su pureza en milésimas.

El punzón de garantía lo diseña la Administración: una elipse para el oro, un rectángulo para la plata y un rombo para el platino, con la ley del metal en su interior y la contraseña del laboratorio que lo ha contrastado. El punzón de origen, en cambio, es de libre diseño. Cada fabricante elige su signo, pero antes de poder usarlo debe registrarlo como marca en la Oficina Española de Patentes y Marcas y acreditar ante el laboratorio que la marca está concedida y en vigor.

La lógica del sistema es sencilla: quien estampa su punzón de origen asume la responsabilidad legal de que la pieza cumple la normativa. Por eso el reglamento es tajante con las piezas que no lo llevan: se consideran de origen desconocido y su tráfico en el interior del país, clandestino, salvo que un laboratorio las haya contrastado después de un examen riguroso, algo que sólo se admite en supuestos tasados como casas de empeño, subastas, comisos o ventas entre particulares con propiedad acreditada.

Hay un detalle que cualquier especialista en marcas subrayaría: si el registro caduca, el punzón deja de poder usarse como contraste y las piezas marcadas con él pasan a considerarse de origen desconocido. Pocas veces una renovación de marca tiene consecuencias tan directas sobre el producto.

Las piezas importadas siguen la misma regla. Con independencia de los contrastes que traigan de su país de origen, para venderse en España deben marcarse en destino con el punzón del importador y con el de garantía, salvo que exista un convenio internacional que lo dispense. Una joya fabricada y adquirida fuera, que nunca se ha comercializado aquí, llevará en su caso las marcas de su país, no las españolas.

El régimen sancionador confirma la importancia del sistema. Vender en España objetos de metales preciosos sin los contrastes obligatorios es una infracción grave, y usar punzones de identificación de origen no autorizados es muy grave, con multas que pueden superar los 600.000 euros o alcanzar el quíntuplo del valor de los productos. Además, el comerciante está obligado a informar al comprador que lo pida de la identidad del fabricante.

Un par de milímetros para decir quién eres

Si algo define al punzón de origen es la miniaturización. El reglamento fija con precisión el tamaño de los punzones de garantía: la elipse del oro se fabrica en dos versiones, con un eje mayor de 2 o de 1 milímetro; el rectángulo de la plata, de 4 o 2 milímetros de lado mayor; y el rombo del platino, de 1,6 o 0,8 milímetros de lado. El punzón de origen debe ser algo mayor que el de garantía, no puede ir encerrado en ninguna figura geométrica para no confundirse con él y nunca puede aludir a la ley del metal.

La norma también dicta dónde se marca. Los contrastes deben ir en la parte que menos dañe el diseño de la pieza. En collares, colgantes y pulseras de piezas entrelazadas, en el cierre. En los relojes, en el fondo de la tapa y además en el cerco de la caja o en las asas. Si la pieza tiene partes no unidas de forma permanente, cada una se marca por separado.

Y cuando la joya es tan pequeña que el punzonado la estropearía, el reglamento prevé una salida. Se consideran de reducido tamaño las piezas de platino de menos de 2 gramos, las de oro de menos de 3 gramos y las de plata de menos de 7 gramos. En esos casos, siempre que sea técnicamente posible, se suelda a la pieza una pequeña placa del mismo metal y ley ya punzonada; si no lo es, la joya se vende con una etiqueta que indique la ley y la identificación del fabricante o importador.

El fabricante puede grabar además su marca comercial, pero con condiciones: no puede superponerse a los punzones obligatorios, no puede inducir a confusión con ellos y su tamaño debe ser sensiblemente superior. La ley, en definitiva, separa con claridad la marca que vende de la marca que responde.

Cada firma resuelve esa convivencia a su manera. Tous, fundada en Manresa en 1920 y presente hoy en más de cincuenta países, utiliza su propio nombre como punzón de origen: en sus piezas aparece grabado «TOUS», de modo que la marca publicitaria y la marca legal son la misma, algo poco habitual en el sector. Majorica, la firma mallorquina de perlas con más de un siglo de historia, ilustra el camino contrario: tiene registrados al menos dos punzones de apenas dos letras, PM y HY, que no hacen referencia visible a su nombre. Suárez emplea un isotipo con sus iniciales estilizadas y Carrera y Carrera, sus siglas en versión caligráfica, CyC.

Matrículas de la joyería: cuando el código dice de dónde vienes

La obligación de registrar un punzón planteaba un problema práctico a miles de pequeños talleres: diseñar, registrar y mantener una marca propia que sólo iba a ocupar un par de milímetros en el interior de una pieza. La solución que articularon las asociaciones de fabricantes, ya en los años ochenta, fue tan eficaz como reveladora: un sistema de numeración con prefijo provincial. Una matrícula, más que una marca en sentido aspiracional, pero jurídicamente equivalente.

Así nacieron códigos como CO-061, B-161, GI-106 o Z-154, en los que las letras remiten a la provincia y el número, al taller. Leídos con lupa, estos punzones cuentan de dónde viene una joya casi con la misma precisión que una matrícula de coche de las antiguas. A ese rastro geográfico se suma el del propio punzón de garantía, cuya contraseña de laboratorio lleva unas siglas por comunidad autónoma, como A para Andalucía o C para Cataluña, seguidas de un número.

Para dimensionar el fenómeno, desde PONS IP se han analizado los más de 15.000 registros activos de marcas nacionales en la clase 14, la que agrupa joyería, metales preciosos y relojería. Más de 1.600, en torno al 11 % de las que tienen elementos verbales, responden a patrones propios de punzones de origen. «Siglas de dos o tres letras, sistemas de numeración con prefijo provincial o combinaciones alfanuméricas características», explica Manuel Campanero, economista y director de PONS IP en Andalucía. Sólo los códigos con prefijo provincial suman alrededor de 600.

El mapa que dibujan esos códigos reproduce con notable fidelidad el tejido industrial de la joyería española. El sistema B- de Barcelona es el más extenso, con más de 266 registros identificables, reflejo de la densidad de talleres y orfebres que durante décadas han convertido Cataluña en el gran centro de la joyería de autor y el diseño contemporáneo.

El sistema CO- de Córdoba suma 166 registros activos. La explicación está en el peso de la provincia en la fabricación joyera nacional: Córdoba produce en torno al 60 % de la joyería fabricada en España, que exporta a 135 países, con más de 1.000 fabricantes, en su inmensa mayoría pequeños talleres familiares, y unos 15.000 empleos directos e indirectos.

Más allá de estos dos grandes polos aparecen sistemas de menor escala, como el GI- de Girona, con una quincena de registros, o el T- de Teruel, con una decena.

La cifra real de punzones es, con toda probabilidad, mayor. Desde 2014, la Oficina Española de Patentes y Marcas dejó de aceptar la mención expresa de «signo» o «punzón» en la descripción de productos de la clase 14, de modo que los punzones registrados desde entonces figuran bajo la lista genérica de joyería y metales preciosos y son indistinguibles de cualquier otra marca del sector.

La marca que llevas puesta

El punzón de origen identifica quién fabrica una joya, pero no protege cómo se ve. Para eso existe el diseño industrial, cuya reforma europea, con el Reglamento (UE) 2024/2822 y la Directiva (UE) 2024/2823, simplifica el acceso a la protección y abre a los pequeños fabricantes una vía complementaria frente a la imitación. Marca de origen, marca comercial y diseño registrado cumplen así tres funciones distintas sobre una misma pieza: responder, vender y proteger la forma.

Con el oro batiendo récords y la procedencia de las joyas en el centro de la conversación pública, quizá sea el momento de que los consumidores aprendan a leer esa pequeña marca que llevan puesta. Porque en una joya fabricada o vendida en España, el origen no se presume: se graba.

Nota metodológica: se han analizado los 15.003 registros activos de marcas nacionales en la clase 14 de la base de datos de la OEPM. Se han considerado posibles punzones de identificación de origen las denominaciones que responden a patrones de siglas cortas (2 a 4 letras), numeración con prefijo geográfico (XX-NNN) o abreviaturas coincidentes con el nombre del titular, excluyendo titulares cuya presencia en otras clases indica que la joyería no es su actividad principal. El análisis se limita a las 14.314 marcas con elemento denominativo; los 689 registros exclusivamente figurativos y los punzones registrados después de 2014 sin mención expresa pueden contener casos adicionales. La cifra es, por tanto, una estimación conservadora.

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