Por Claudia Caro. Directora PONS IP Colombia
Participar en escenarios como GOFest permite comprobar algo que resulta cada vez más evidente: los ecosistemas de emprendimiento necesitan mucho más que buenas ideas. Necesitan espacios capaces de conectar innovación, conocimiento, empresa, inversión y mercado. Por ello, quisimos recoger aquí algunas reflexiones y orientaciones puestas de presente en dicho encuentro, dirigidas especialmente a startups que se preparan para crecer y acceder a financiación, sobre un aspecto que puede resultar determinante en ese camino: cómo identificar, gestionar y proteger adecuadamente sus activos de Propiedad Intelectual puede fortalecer su posición frente a potenciales inversionistas y acompañar sus procesos de escalamiento.
GOFest representa precisamente ese punto de conexión en el que startups, inversionistas, corporaciones, expertos y organizaciones del ecosistema coinciden alrededor de un objetivo común: conseguir que proyectos innovadores puedan evolucionar, encontrar aliados, acceder a financiación y crecer. La edición 2026, celebrada en Bogotá, volvió a poner en el centro de la conversación asuntos como el venture capital, la tecnología, la inteligencia artificial, el impacto y el escalamiento empresarial.
En este contexto, resulta especialmente relevante la presencia de organizaciones como el Colombia Agrifood Innovation Hub, de cuyo ecosistema formamos parte desde PONS IP y que está especializado en impulsar startups disruptivas de base tecnológica que buscan transformar el sistema agroalimentario. Su trabajo evidencia que la innovación en sectores como agricultura y alimentos ha dejado de estar asociada exclusivamente al desarrollo de nuevos productos: hoy hablamos también de biotecnología, inteligencia artificial, nuevos ingredientes, tecnologías aplicadas a la producción agrícola, economía circular, AgriFintech y soluciones capaces de transformar la forma en que producimos, distribuimos y consumimos alimentos.
Pero cuando una startup desarrolla una solución verdaderamente innovadora aparece una pregunta que no siempre se formula con suficiente anticipación, ¿Qué parte de ese valor le pertenece realmente y cómo está asegurando que pueda conservarlo mientras crece?
Es allí donde la Propiedad Intelectual adquiere una dimensión que va mucho más allá de la protección jurídica.
Proteger para poder crecer
Durante años ha sido frecuente asociar la Propiedad Intelectual principalmente con trámites: registrar una marca, solicitar una patente o proteger una determinada creación, pero esa mirada resulta hoy insuficiente.
En una startup tecnológica y disruptiva, una parte muy importante del valor puede encontrarse precisamente en activos intangibles: una tecnología, un algoritmo, un software, una formulación, determinados datos, un procedimiento productivo, un diseño, una marca, conocimiento técnico especializado o know-how desarrollado durante años.
Algunos de estos activos podrán protegerse mediante patentes, diseños industriales, derechos de autor o marcas; otros deberán gestionarse como secretos empresariales. En determinados casos será necesario combinar diferentes mecanismos de protección y acompañarlos de contratos adecuados que permitan establecer con claridad la titularidad, la confidencialidad, las licencias o las condiciones bajo las cuales terceros pueden utilizar esos activos.
Por eso, la estrategia de Propiedad Intelectual debería comenzar mucho antes de que aparezca una ronda de inversión. La primera tarea consiste en identificar qué ha creado realmente la empresa, qué elementos generan su diferenciación frente a los competidores, quién es titular de ellos, qué se encuentra protegido y qué debería permanecer confidencial.
Esta reflexión también obliga a mirar hacia afuera. No basta con preguntarse qué puede proteger la startup; es igualmente importante establecer si su tecnología puede utilizarse y comercializarse sin vulnerar derechos de terceros. De allí la relevancia que pueden adquirir los análisis de libertad de operación – Freedom to Operate o FTO – en determinados procesos de crecimiento e internacionalización.
Cuando llega el inversionista, cambia la conversación
Para una startup que busca financiación, la Propiedad Intelectual empieza a formar parte de la conversación empresarial. Un inversionista no evalúa únicamente si una tecnología resulta novedosa o si existe un mercado atractivo para ella. También necesita entender qué está adquiriendo o financiando indirectamente cuando entra en una compañía.
¿La tecnología pertenece efectivamente a la startup? ¿Los desarrolladores, investigadores o terceros que participaron en la creación han cedido adecuadamente los derechos que correspondan? ¿Existen acuerdos de confidencialidad verdaderamente disuasivos? ¿La marca está protegida en los mercados relevantes? ¿La empresa depende exclusivamente del secreto empresarial? ¿Existe riesgo de infringir derechos de terceros? ¿La ventaja competitiva puede mantenerse cuando el negocio crezca o cuando la compañía ingrese a otros países?
Estas preguntas pueden convertirse en aspectos centrales de una due diligence. Gestionar adecuadamente la Propiedad Intelectual significa también reducir incertidumbre para quien está considerando invertir. Una startup capaz de explicar qué activos intangibles posee, cómo los protege y cómo esos activos respaldan su modelo de negocio llega a la conversación de inversión en una posición distinta: ya no presenta solamente una idea prometedora, sino activos identificables sobre los cuales puede construirse una ventaja competitiva y una estrategia de crecimiento.
El secreto empresarial: valioso, pero no necesariamente suficiente
Esta reflexión resulta especialmente pertinente en Colombia, donde muchas empresas innovadoras recurren al secreto empresarial como principal mecanismo para preservar su ventaja competitiva. La figura del secreto puede ser extraordinariamente valiosa y, en numerosos casos, será precisamente la herramienta adecuada. Pero su utilización debe responder a una decisión estratégica.
Para que determinada información pueda conservar su valor como secreto empresarial, la compañía necesita gestionarla como tal: identificarla, limitar su acceso, adoptar medidas de confidencialidad y establecer controles contractuales y organizacionales adecuados. Y debe tener presente una condición esencial: para conservar el secreto, hay que poder mantenerlo secreto.
Ahí aparece el desafío del escalamiento. Este punto es vital para startups disruptivas. Como lo conversábamos en el panel, pensemos en una formulación, un microorganismo o un proceso productivo. Algunos de esos activos pueden mantenerse confidenciales durante mucho tiempo y tener enorme valor precisamente por ser secretos.
Mientras son cuatro personas fundadoras de la startup quienes desarrollan una tecnología, controlar la información puede parecer relativamente sencillo. Pero cuando la empresa empieza a crecer, incorpora empleados, investigadores, proveedores, fabricantes, universidades, distribuidores, potenciales socios, corporaciones e inversionistas; hace pilotos y entra en procesos de innovación abierta, cada vez más personas necesitan acceder a información que antes conocían solamente los fundadores. Escalar también significa aumentar los puntos de exposición.
Por eso, la discusión no consiste simplemente en escoger entre patente o secreto. La verdadera decisión consiste en determinar qué combinación de herramientas de Propiedad Intelectual protege mejor el modelo de negocio y acompaña la estrategia de crecimiento de cada empresa.
El reto colombiano: convertir conocimiento en activos
En PONS IP hemos podido constatar que todavía existe un camino importante por recorrer en este ámbito. El estudio “Impacto de la Propiedad Intelectual en empresas colombianas”, realizado por PONS IP a 410 empresas, mostró que el 64,2 % de las compañías consultadas manifestaba no tener conocimientos sobre Propiedad Intelectual y que menos del 20 % integraba su gestión dentro de la estrategia empresarial.
Estas cifras permiten identificar un desafío que no se limita a incrementar el número de registros. El verdadero reto consiste en conseguir que las empresas comprendan qué activos intangibles están generando y cómo pueden utilizarlos para fortalecer su competitividad, facilitar procesos de inversión, estructurar alianzas, licenciar tecnología, acceder a nuevos mercados y aumentar sus posibilidades de escalamiento.
La Propiedad Intelectual no debería aparecer al final del proceso innovador, cuando la empresa ya necesita una patente o cuando un inversionista solicita documentación durante una due diligence. Debería acompañar la innovación desde sus primeras etapas.
Precisamente por ello son tan valiosos encuentros como GOFest y la participación de actores especializados en aceleración como Eatable Adventures y el Colombia Agrifood Innovation Hub. En este espacio, la Propiedad Intelectual tiene mucho que aportar a la conversación. No únicamente para registrar derechos, sino para ayudar a una startup a identificar aquello que verdaderamente la diferencia; decidir qué proteger y qué mantener en secreto; ordenar la titularidad de sus desarrollos; anticipar riesgos frente a terceros; preparar una due diligence; estructurar licencias y acuerdos de transferencia; y, finalmente, convertir innovación y conocimiento en activos capaces de generar valor.
Porque una buena idea puede dar origen a una startup. Pero cuando esa idea comienza a transformarse en tecnología, conocimiento, marca, datos, diseños, software o know-how, aparece algo adicional: un patrimonio intangible que debe ser identificado, gestionado y protegido para que pueda acompañar el crecimiento de la empresa.
No es lo mismo llegar a una ronda diciendo: “tenemos una tecnología muy innovadora”, que poder decir: “sabemos exactamente cuáles son los activos que sustentan nuestra ventaja competitiva, quién es su titular, cómo los estamos protegiendo y cómo esa estrategia acompaña el crecimiento del negocio”.
Y también cambia la conversación sobre el riesgo. Una debida diligencia de PI puede revelar problemas de titularidad, compromisos contractuales, divulgaciones previas, riesgos frente a derechos de terceros o vacíos de protección. Estos hallazgos pueden afectar la valoración, las condiciones de la inversión o incluso la decisión misma de invertir.
Por eso, el inversionista no busca necesariamente una startup con muchas patentes. Busca algo mucho más importante, una empresa capaz de demostrar que entiende, controla y sabe gestionar los activos sobre los cuales pretende construir su ventaja competitiva.
En últimas, la Propiedad Intelectual no convierte automáticamente una buena tecnología en una buena inversión. Pero sí puede contribuir a convertir esa tecnología en un activo identificable, controlable y defendible y, por tanto, susceptible de ser valorado.
Y quizás allí se encuentre uno de los grandes retos de nuestro ecosistema emprendedor, lograr que la Propiedad Intelectual deje de percibirse como una etapa posterior a la innovación y empiece a entenderse como lo que verdaderamente puede llegar a ser, una herramienta estratégica para transformar innovación en inversión, competitividad y crecimiento sostenible.

