Europa conserva una posición sólida y España mantiene a Barcelona y Madrid entre los cien principales clústeres internacionales, con el reto de transformar más ciencia en patentes, transferencia y empresas escalables.
La innovación vuelve a demostrar que es uno de los principales motores del progreso económico y social. El Índice Mundial de Innovación 2026 de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual ofrece una fotografía precisa de cómo los países convierten investigación, talento, financiación y propiedad intelectual en soluciones con impacto. La lectura global es favorable: la inversión en I+D y capital riesgo recupera dinamismo, impulsada por la inteligencia artificial y la ciencia profunda. Sin embargo, el crecimiento continúa concentrándose en determinadas tecnologías, compañías y territorios.
Europa mantiene una presencia destacada entre las economías y los clústeres más innovadores, respaldada por universidades competitivas, capacidad industrial y sistemas consolidados de propiedad industrial. España ocupa el puesto 28 del índice y conserva dos ecosistemas entre los cien principales polos mundiales: Barcelona, en la posición 45, y Madrid, en la 48. El dato confirma la existencia de una base sólida, pero también señala el objetivo estratégico de convertir una mayor parte del conocimiento científico en patentes, licencias, inversión y empresas tecnológicas capaces de escalar internacionalmente.
La propiedad industrial, métrica y palanca de la innovación
El índice no mide únicamente cuánto invierten los países en innovación. También analiza su capacidad para generar resultados protegibles, transferibles y comercializables. Entre sus indicadores se encuentran las solicitudes nacionales e internacionales de patente, las familias de patentes, los modelos de utilidad y los flujos vinculados a la propiedad intelectual. Esta perspectiva resulta especialmente relevante porque permite diferenciar entre la producción de conocimiento y la capacidad real para convertirlo en ventaja competitiva.
Las solicitudes internacionales presentadas mediante el Tratado de Cooperación en materia de Patentes alcanzaron 275.900 en 2025, un 0,7% más que el año anterior. China lideró la actividad con 73.718 solicitudes, seguida de Estados Unidos, con 52.617, y de la República de Corea, con 25.016. La comunicación digital y los semiconductores figuraron entre los ámbitos de mayor crecimiento, reflejo de la carrera internacional por controlar tecnologías habilitadoras esenciales.
El sistema PCT constituye un indicador especialmente útil para interpretar la ambición tecnológica de un ecosistema. Una solicitud internacional no garantiza el éxito comercial, pero revela la voluntad de extender la protección de una invención a múltiples mercados y exige asignar recursos a su internacionalización. También demuestra que una empresa, universidad o centro de investigación reconoce el potencial estratégico de su tecnología antes de divulgarla o transferirla.
Ciencia profunda: proteger para atraer inversión y llegar al mercado
La relación entre ciencia, patentes y crecimiento se observa con claridad en las empresas de ciencia profunda. La OMPI identifica más de 30.000 startups creadas desde el año 2000 en ámbitos como semiconductores, robótica, computación cuántica, ciencias de la vida, espacio y materiales avanzados. Su valor empresarial conjunto asciende a 7,6 billones de dólares. Aproximadamente la mitad dispone de patentes, frente a cerca del 15% de las compañías emergentes de otros sectores.
En tecnologías que requieren años de investigación, inversiones elevadas y procesos regulatorios complejos, la propiedad industrial reduce incertidumbre y facilita la financiación. Las patentes permiten ordenar la titularidad del conocimiento, delimitar posiciones competitivas, articular acuerdos de licencia y ofrecer a los inversores una base verificable sobre la que valorar un proyecto. La estrategia de protección no debe aparecer al final del proceso, sino integrarse desde la investigación, junto con la vigilancia tecnológica y el análisis de libertad de operación.
El gasto mundial en I+D creció más de un 3,3% en términos reales en 2025 y la previsión para 2026 apunta a un avance del 3,6%, hasta 3,4 billones de dólares. La inversión empresarial alcanzó el máximo histórico de 1,5 billones en 2025. A su vez, el capital riesgo mundial aumentó un 28%, hasta 510.000 millones, aunque el número de operaciones descendió por cuarto año consecutivo. La financiación es mayor, pero está más concentrada: la inteligencia artificial absorbió el 53% del valor global de las operaciones en 2025 y el 77% durante el primer semestre de 2026.
La nueva geografía de la innovación
La innovación se concentra en ecosistemas capaces de conectar inventores, universidades, centros de investigación, empresas, startups e inversores. Para localizarlos, la OMPI analiza la residencia de los inventores incluidos en solicitudes PCT, la ubicación de los autores de publicaciones científicas y las operaciones de capital riesgo, sin limitarse a fronteras administrativas. El resultado es una cartografía funcional de los territorios donde ciencia, tecnología y financiación interactúan con mayor intensidad.
Shenzhen-Hong Kong-Guangzhou lidera por segundo año consecutivo la clasificación mundial, seguida de Tokio-Yokohama y San José-San Francisco. Los tres clústeres concentran conjuntamente más de una quinta parte de las solicitudes PCT del mundo. Pekín y Seúl completan los cinco primeros puestos. China suma 25 clústeres entre los cien primeros y Estados Unidos, 20. Asia destaca en patentes y publicaciones científicas, mientras que Estados Unidos mantiene una fortaleza diferencial en capital riesgo.
Estos modelos confirman que ningún indicador aislado explica la solidez de un ecosistema. Las publicaciones muestran capacidad científica; las patentes, potencial tecnológico y voluntad de protección internacional; y el capital riesgo, disponibilidad de recursos para escalar. La competitividad surge de la conexión entre las tres dimensiones y de la calidad de los mecanismos de transferencia que las enlazan.
Europa: conocimiento sólido y el desafío del escalado
Europa conserva una posición destacada en el Índice Mundial de Innovación. Suiza lidera la clasificación mundial por decimosexto año consecutivo, seguida de Suecia. Reino Unido ocupa el sexto puesto; Países Bajos, el séptimo; Finlandia, el octavo; Dinamarca, el noveno; Alemania, el undécimo; y Francia, el decimotercero. En conjunto, catorce economías europeas se sitúan entre las veinticinco primeras.
La región reúne además 30 de los cien principales clústeres. Alemania cuenta con siete, el mayor número entre los países europeos; Reino Unido mantiene cuatro; y Francia dispone de dos. París, en el puesto 11, es el único clúster europeo integrado entre los diez primeros del mundo por volumen de solicitudes PCT. Esta presencia acredita la densidad científica, industrial y tecnológica europea, pero también revela una brecha respecto a las grandes concentraciones asiáticas y estadounidenses.
Los clústeres europeos generan casi un 30% más de publicaciones científicas que los estadounidenses, pero captan en torno al 40% de su capital riesgo. La comparación resume uno de los retos centrales de la Unión Europea: transformar con mayor rapidez el conocimiento en activos protegidos, compañías de dimensión internacional y capacidad productiva. Para ello será necesario reforzar la financiación de fases avanzadas, la transferencia universidad-empresa y la utilización estratégica de las patentes como herramienta de negocio y de autonomía tecnológica.
España: buenas capacidades y margen para patentar más
España ocupa el puesto 28 del Índice Mundial de Innovación 2026. Su posición en resultados de innovación, el puesto 22, supera la obtenida en recursos y condiciones de entrada, donde figura en el 31. Entre sus fortalezas se encuentran los resultados tecnológicos, la infraestructura, los activos intangibles y el diseño industrial. El país demuestra capacidad para obtener resultados, aunque necesita aumentar la escala y la proyección internacional de su base tecnológica.
Los indicadores de patentes muestran el margen existente. España registra 1,3 patentes, 0,6 solicitudes PCT y 0,4 familias de patentes por cada mil millones de dólares de PIB ajustado por paridad de poder adquisitivo. El desafío no consiste solo en investigar más. También exige identificar tempranamente los resultados patentables, evaluar el estado de la técnica, ordenar la titularidad en proyectos colaborativos y definir mercados prioritarios antes de acometer la extensión internacional.
La presencia de Barcelona y Madrid entre los cien principales clústeres confirma que España dispone de talento científico, empresas innovadoras, universidades, centros públicos y actividad inversora. Al mismo tiempo, las posiciones 45 y 48 muestran la distancia frente a los grandes polos globales. La oportunidad pasa por conectar mejor la investigación con el tejido empresarial y por integrar la propiedad industrial en las decisiones de financiación, internacionalización y crecimiento.
Barcelona es el primer clúster español y ocupa el puesto 45 mundial por tamaño y el 59 por intensidad innovadora. Durante los cinco años analizados contabiliza, en términos fraccionales, 2.070 solicitudes PCT, 30.533 publicaciones científicas y 1.314 operaciones de capital riesgo. Los datos reflejan un ecosistema equilibrado, con una actividad de patentamiento internacional y financiación emprendedora superior a la de Madrid.
HP es el principal solicitante PCT del clúster, con 402 solicitudes y un 19% de participación, seguida del CSIC y la Universidad de Barcelona. Esta última encabeza también las organizaciones científicas, por delante de la Universidad Autónoma de Barcelona y la Universidad Politécnica de Cataluña. El 40% de las solicitudes PCT se presenta en colaboración con inventores externos, principalmente de Madrid, San José-San Francisco y París. En publicaciones científicas, la colaboración exterior alcanza el 85%.
Madrid se sitúa en el puesto 48 mundial y en el 76 por intensidad innovadora. En el periodo analizado suma, de forma 1.622 solicitudes PCT, 40.065 publicaciones científicas y 1.009 operaciones de capital riesgo. Frente a Barcelona, presenta un volumen científico mayor, aunque una actividad relativa inferior en patentes internacionales y financiación emprendedora.
Ericsson es el primer solicitante PCT del clúster, con 300 solicitudes y un 18% de participación, seguido del CSIC, con 157 y un 10%. La Universidad Complutense de Madrid lidera las publicaciones, acompañada por la Universidad Politécnica de Madrid y la Universidad Autónoma de Madrid. El 51% de las solicitudes PCT incorpora colaboración con inventores de fuera del clúster, especialmente de Shanghai-Suzhou, Estocolmo y Gotemburgo. En el ámbito científico, la colaboración exterior llega al 81%.
Proteger antes, transferir mejor y escalar con ambición europea
Los resultados de 2026 permiten una lectura optimista. Barcelona y Madrid forman parte de la geografía mundial de la innovación y muestran capacidades complementarias: Barcelona destaca por su intensidad en solicitudes PCT y su mayor actividad de capital riesgo; Madrid, por su volumen científico y su elevada cooperación internacional. La conexión entre ambos polos, visible tanto en patentes como en publicaciones, constituye un activo para el conjunto del sistema español.
El siguiente paso es transformar una mayor proporción de esa capacidad en activos tecnológicos competitivos. Esto requiere incorporar la propiedad industrial desde las primeras fases de la investigación, evaluar la patentabilidad antes de publicar, ordenar la titularidad de los resultados y diseñar estrategias PCT coherentes con los mercados prioritarios. También implica valorar y gestionar las carteras de patentes para facilitar licencias, alianzas empresariales, inversión y transferencia tecnológica.
El Índice Mundial de Innovación 2026 deja un mensaje claro: el progreso no depende únicamente de generar conocimiento, sino de convertirlo en soluciones protegidas, financiables y escalables. Europa dispone de ciencia e industria para liderar esta etapa. España cuenta con dos grandes polos desde los que avanzar. Una cultura más sólida de propiedad industrial permitirá que la innovación desarrollada en Madrid, Barcelona y el resto del país se transforme en crecimiento, autonomía tecnológica y competitividad para Europa.


