La inteligencia artificial se ha consolidado como uno de los principales vectores de innovación del tejido empresarial español. Sin embargo, su creciente presencia en las denominaciones comerciales no siempre va acompañada de una estrategia adecuada de protección jurídica. Así lo refleja el informe elaborado por PONS IP, consultora global especializada en propiedad industrial e intelectual, que a través de su Área de Marcas & Brand Inteligence ha analizado las solicitudes de marca tramitadas ante la Oficina Española de Patentes y Marcas (OEPM) y ante la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (EUIPO) durante 2025 con el objetivo de identificar denominaciones que hacen referencia explícita o implícita a la inteligencia artificial, solicitadas por empresas españolas.
El estudio ha identificado 272 marcas con referencia a la IA dentro de un universo de 71.115 solicitudes con vinculación española, lo que confirma el dinamismo del ecosistema innovador, en línea con la reciente posición de privilegio que a España, en la 7º posición, atribuyó el Global AI Vibrancy Ranking elaborado por la Universidad de Stanford a nuestro país entre los líderes en desarrollo de la IA a partir de un análisis de 42 indicadores organizados en ocho pilares clave como la investigación, inversión, atracción de talento, capacidad institucional y otros factores determinantes.
No obstante, el análisis pone el foco en un patrón especialmente relevante para la competitividad: la protección suele concentrarse en las clases tecnológicas (especialmente las clases 9 y 42), sin extenderse a las clases que corresponden al sector en el que la empresa opera o pretende operar.
Así, el informe señala que el 63,6% de las marcas analizadas presenta algún tipo de brecha: o bien protege la tecnología, pero omite el mercado de destino, o bien cubre el sector, pero deja sin amparo la base tecnológica. En términos prácticos, dos de cada tres proyectos que se autodefinen “en clave IA” podrían no haber completado una estrategia de protección suficientemente alineada con su hoja de ruta comercial.
Como señala Pablo López, director de Marcas & Brand Intelligence de PONS IP, “la naturaleza de estos proyectos, que combina tecnología propietaria, datos de entrenamiento, modelos de terceros, interfaces de usuario y servicios finales, exige una aproximación integral a la propiedad intelectual e industrial que va mucho más allá de la elección de las clases de Niza”.
En concreto, el 75% de las solicitudes identificadas se tramitaron ante la OEPM (204 marcas) y el 25% ante la EUIPO (68 marcas). Esta distribución apunta a una preferencia por la protección nacional en fases tempranas, aunque en negocios intensivos en innovación -como los vinculados a IA- la escalabilidad y la proyección internacional suelen exigir un planteamiento más amplio desde el inicio.
“La marca es una decisión de negocio antes que un trámite. En proyectos de inteligencia artificial, la protección debe acompañar al modelo de crecimiento: no basta con cubrir la herramienta tecnológica; hay que blindar también el sector y los servicios en los que esa tecnología compite y genera valor”, subraya Manuel Campanero, experto en propiedad industrial y director de la Oficina de Andalucía de PONS IP.
La concentración de solicitudes en las clases 42 (servicios tecnológicos y software) y 9 (software, hardware y productos digitales) es significativa. La clase 42 aparece en el 57,7% de las marcas analizadas y la clase 9 en el 42,3%. A partir de ahí, la presencia desciende: educación y formación (clase 41) alcanza el 27,2% y servicios empresariales y marketing (clase 35) el 23,5%. En cambio, sectores especialmente sensibles por regulación y riesgo —como el financiero (clase 36), el sanitario (clase 44) o el jurídico (clase 45)— presentan una presencia baja o muy baja.
Esta desconexión puede generar vulnerabilidades relevantes: un tercero podría registrar una denominación similar en las clases sectoriales y limitar la expansión del titular original hacia el mercado que constituye precisamente el objetivo de su negocio. En sectores regulados, además, la coherencia entre actividad y cobertura de marca es un factor que suele considerarse implícitamente en procesos de financiación, alianzas o internacionalización.
El informe recuerda, además, que el registro de la marca es solo una capa del “mapa completo” de protección en proyectos de IA. La protección del código y el modelo (propiedad intelectual), la auditoría de datos de entrenamiento, la revisión de licencias de modelos de terceros, la implementación de medidas de secreto empresarial y la evaluación de la patentabilidad de innovaciones técnicas forman parte de una arquitectura de protección integral que, en la práctica, condiciona la viabilidad y el valor del proyecto.
En este contexto, PONS IP recomienda a startups, pymes y compañías consolidadas revisar sus estrategias de marca para asegurar que las clases cubren tanto la base tecnológica como el mercado de destino, especialmente antes de escalar, abrir nuevos países o acometer rondas de inversión.

