El Mobile World Congress (MWC) celebrado recientemente en Barcelona ha mostrado una vez más el peso que está adquiriendo China en el dominio tecnológico global. Más allá del protagonismo tradicional de la conectividad, el evento ha puesto el foco en áreas como inteligencia artificial, la robótica, las tecnologías cuánticas y las nuevas arquitecturas de red. También ha sido significativo el peso de grandes compañías chinas entre los expositores más visibles, con una presencia destacada en infraestructuras, dispositivos, servicios y soluciones empresariales. Es una muestra, aquí en España, de esta evolución que está desarrollando el “País del Sol Naciente”.
Hoy, China ha aprobado su plan quinquenal (2026-2030) que tiene como pilar fundamental la transición del país hacia un modelo en el que la innovación -y no la construcción o el ladrillo- actúe como motor de crecimiento. El Foro Económico Mundial en su reunión de Davos del pasado mes de enero, describió esta fase como una etapa de adaptación estratégica: más volatilidad global, cambios internos en la economía china y una competencia tecnológica que empuja al país a reforzar su autosuficiencia y su robustez industrial.
Esta hoja de ruta se ha vuelto todavía más explícita en los mensajes políticos de los últimos días. El plan quinquenal y los documentos asociados presentados en el marco de la Asamblea Nacional Popular sitúan la inteligencia artificial como infraestructura transversal (AI+), junto con apuestas disruptivas en robótica, computación cuántica, biomedicina, 6G y otras tecnologías de frontera. Su objetivo no es únicamente inventar, sino mejorar la industrialización de la innovación: convertir avances científicos en capacidades productivas, exportables y, cuando conviene, también en ventaja estratégica.
China concibe este plan como un eslabón decisivo hacia la modernización de 2035, pero diseñado para un mundo más impredecible. En la práctica, esto se traduce en tres movimientos simultáneos: una integración cada vez mayor entre economía y seguridad; un énfasis reforzado en tecnologías habilitadoras, como la IA, los semiconductores y la computación avanzada; y una prioridad creciente a la adopción masiva de esas tecnologías en la industria, los servicios públicos y el consumo.
En otras palabras, Pekín no busca solo liderar la investigación básica o incrementar el número de startups. Su apuesta es mucho más sistémica: crear un ecosistema tecnológico completo que conecte universidades, grandes empresas, pymes industriales, administraciones públicas, capital y regulación. La ventaja competitiva china no vendría únicamente de la invención, sino de su capacidad para escalarla con rapidez.
Una manera objetiva de seguir esta evolución es observar la propiedad industrial. Los datos de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual muestran un cambio de escala muy significativo en donde la propiedad industrial juega un papel clave. Según los datos de PONS IP, en 2024 se registraron 3,7 millones de solicitudes de patentes en el mundo, y buena parte del crecimiento se explica por el aumento de solicitantes residentes en China con 1,8 millones de solicitudes.
Más importante aún es la tendencia de largo plazo: la cuota de China en el total mundial de solicitudes ha crecido de forma muy acusada durante la última década, hasta acercarse a la mitad del total global. Esto no significa automáticamente que todas las patentes tengan la misma calidad, pero sí confirma que China ha construido una densidad tecnológica extraordinaria: más empresas innovadoras, más universidades activas, más protección formal de activos intangibles y una maquinaria institucional orientada a convertir conocimiento en ventaja económica.
La misma lógica aparece en campos emergentes como la IA generativa. Los datos recientes señalan que China lidera con claridad el volumen de invenciones relacionadas con esta IA Generativa. Esto encaja con la estrategia nacional: no se trata solo de desarrollar algoritmos, sino de acumular propiedad intelectual, conocimiento aplicado y capacidad de despliegue empresarial.
Si ponemos foco en los sectores más estratégicos, China ya es solo el mayor mercado de robots industriales; también quiere dominar su fabricación y exportación. Según la International Federation of Robotics, el país concentra una parte muy elevada de las instalaciones globales y ha superado ampliamente los dos millones de robots operativos en sus fábricas. Además, según el reciente informe sobre robótica social elaborado por PONS IP, el número de patentes en robótica generadas en China llega ya al 72%.
Este avance tiene una importancia estratégica evidente. La robótica eleva la productividad, ayuda a compensar la presión demográfica y actúa como plataforma para la siguiente ola industrial: visión artificial, automatización flexible, logística inteligente y sistemas de IA física, es decir, inteligencia artificial integrada en máquinas capaces de interactuar con el entorno físico. Por eso la robótica no es un sector aislado, sino una pieza central de la nueva política industrial china.
La IA se ha convertido en la capa transversal de la estrategia tecnológica china. La prioridad ya no es solo desarrollar grandes modelos, sino desplegar IA en toda la economía: manufactura, sanidad, educación, movilidad, finanzas y administración. La idea de AI+ resume bien esta ambición. El Estado quiere que la IA incremente la productividad, reduzca costes, impulse nuevos servicios y fortalezca la competitividad internacional de las empresas chinas.
Las referencias de Foreign Affairs y otros centros de análisis insisten en un punto clave: el debate ya no es si China tendrá capacidades avanzadas en IA, sino con qué rapidez será capaz de escalarlas y convertirlas en una ventaja económica y estratégica sostenida. Esto incluye tanto aplicaciones civiles como implicaciones en seguridad y defensa. Precisamente por eso el apoyo político, financiero y regulatorio a la IA tiene un carácter estructural, no coyuntural.
La computación cuántica y, en sentido amplio, las tecnologías cuánticas, ocupan un lugar destacado en la agenda de mediano y largo plazo. Aquí el interés no se limita a mejora del cálculo: también incluye sensores de alta precisión y comunicaciones seguras. Aunque muchas aplicaciones siguen en fase de maduración, China considera que esta carrera puede redefinir futuras ventajas científicas, industriales y de seguridad nacional.
En conjunto, la estrategia tecnológica china para los próximos años persigue algo más ambicioso que liderar sectores concretos. Su objetivo es construir un ecosistema tan denso en talento, propiedad intelectual, producción, datos y adopción industrial que la trayectoria del país resulte difícil de revertir, incluso en un entorno geopolítico más fragmentado.
Los datos de patentes muestran liderazgo; los de robótica muestra penetración industrial; la IA aparece como la gran infraestructura transversal; y la cuántica como una apuesta de soberanía tecnológica a largo plazo. Eventos como el MWC refuerzan esa lectura: la estrategia tecnológica china ya no es solo una promesa política, sino una combinación de planificación estatal, músculo empresarial y capacidad de despliegue internacional.
Mientras Estados Unidos está cambiando la geopolítica mundial y China busca este liderazgo tecnológico y se ofrece como alternativa de estabilidad ante los conflictos globales. ¿Cuál es el papel de Europa?
- Europa llega a este momento con capacidades científicas, industriales y regulatorias todavía muy relevantes, pero con una debilidad estructural cada vez más visible: la fragmentación. Frente a la escala de Estados Unidos y a la planificación sistémica de China, la Unión Europea sigue funcionando demasiado a menudo como una suma de mercados, normas y prioridades nacionales. El informe de Enrico Letta, publicado en 2024, sobre el mercado único insiste precisamente en que Europa ya no puede conformarse con “tener mercado”: necesita convertir ese mercado en una verdadera plataforma de escala para la innovación, el capital, la energía, las telecomunicaciones y el conocimiento. Sin esa dimensión continental, Europa seguirá generando buenas ideas, pero no necesariamente grandes campeones tecnológicos.
- El informe de Mario Draghi, también de 2024, va un paso más allá y plantea un diagnóstico aún más contundente: Europa corre el riesgo de perder competitividad de manera estructural si no acelera inversión, productividad e integración. La brecha no es solo tecnológica; también es de velocidad, financiación, transferencia de la tecnología desde los centros de I+D y capacidad de ejecución.
- Mientras China convierte la política industrial en despliegue y Estados Unidos moviliza capital a gran escala, Europa continúa atrapada entre exceso de burocracia, mercados de capital incompletos, altos costes energéticos y una insuficiente coordinación estratégica. En sectores como inteligencia artificial, semiconductores, computación avanzada, redes, defensa o tecnologías limpias, el problema europeo no es tanto la falta de talento como la dificultad para transformar ese talento en industria, propiedad intelectual escalable y liderazgo empresarial.
Escrito por: Luis Ignacio Vicente. Consejero Estratégico PONS IP.

